12 de enero de 2011

...*

Treinta. Treinta insignificantes minutos. Pongámoslo en segundos, a ver si así parece más. Mil ochocientos. Va subiendo, ahora parece algo. Pero si me pongo a pensar, treinta minutos pueden ser una eternidad, pueden pasar veloces, o pueden ser tus treinta minutos. Parece mentira que aún, a esa hora exactamente, cuando miro el reloj me de una terrible sensación de vacío, o melancolía. Parece mentira que siempre que sean las 21:00 piense en que podía estar en cualquier sitio... En un puente, en un puesto de palomitas o una cabalgata rodeada de niños, lo piense, que lo piense a sabiendas que no puedo hacerlo, ahora mismo no, y no porque no quiera, o no lo haya intentado, simplemente porque no. Parece mentira que esas mariposas aún estén vivas en mi estómago y que se esboce una sonrisa siempre que veo el número en cualquier sitio, sea el reloj, un calendario, una suma o un alfabeta de estos raros que salen a veces tipo matrix. Qué relativo es lo del tiempo. Qué inútil parece todo cuando el tiempo pasa en vano, ¿verdad? Todo. Esos treinta minutos que para mí aún siguen significando al menos algo, puede que para otras personas, no sean nada...

No hay comentarios:

Publicar un comentario