14 de enero de 2011

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Por pedir...te pido una tarde lluviosa, dentro de una casa sin gente, sobre un sofá sin cojines, enfrente de mi película favorita.
Me pido...tus dedos acariciando mi brazo, y mis cosquillas jugando al escondite con ellos.
Por pedir...pido dar un paseo al mismo paso, frenarnos en seco de repente, y mojarnos los labios sin que nos vea la gente.
Por pedir...pido que me acompañes hasta el andén en el que días más tarde me estés esperando, y que mientras llega el autobús me mires con ojos tristes a la cara, aproveches mi distracción para agarrar fuerte con tus dos manos mi cinturón, en un intento por no dejarme ir, y me hagas perder todo menos la sonrisa.
Por pedir...me pido sorprenderte, que te dejes sorprender, que te guste que te sorprenda..
¿Y tú?,¿Que me pedirías tú?

12 de enero de 2011

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Treinta. Treinta insignificantes minutos. Pongámoslo en segundos, a ver si así parece más. Mil ochocientos. Va subiendo, ahora parece algo. Pero si me pongo a pensar, treinta minutos pueden ser una eternidad, pueden pasar veloces, o pueden ser tus treinta minutos. Parece mentira que aún, a esa hora exactamente, cuando miro el reloj me de una terrible sensación de vacío, o melancolía. Parece mentira que siempre que sean las 21:00 piense en que podía estar en cualquier sitio... En un puente, en un puesto de palomitas o una cabalgata rodeada de niños, lo piense, que lo piense a sabiendas que no puedo hacerlo, ahora mismo no, y no porque no quiera, o no lo haya intentado, simplemente porque no. Parece mentira que esas mariposas aún estén vivas en mi estómago y que se esboce una sonrisa siempre que veo el número en cualquier sitio, sea el reloj, un calendario, una suma o un alfabeta de estos raros que salen a veces tipo matrix. Qué relativo es lo del tiempo. Qué inútil parece todo cuando el tiempo pasa en vano, ¿verdad? Todo. Esos treinta minutos que para mí aún siguen significando al menos algo, puede que para otras personas, no sean nada...

11 de enero de 2011

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En el fondo estaba convencida de que todo el mundo era igual de feliz. Cien por cien feliz. Pero al parecer solo ella se había dado cuenta de tal cosa. Por mucho que a veces aparentásemos estar mal, hundidos o nuestro interior estuviese algo más revuelto, ella siempre estaba ahí. Era su mejor amiga, de hecho. Nunca la abandonaba, y cuando estaba a punto de caer, la felicidad venía en forma de charco, paraguas, canción o chaparrón. Y se había propuesto que todo el mundo supiera lo mismo que ella sabía, así que dejaba cartas por debajo de las puertas de las casas en las que veía entrar a alguien triste donde ponía: "Tú eres feliz, aunque a lo mejor no sepas donde tienes la felicidad. Búscala en el armario de las galletas o debajo del sofá, seguro que está". La suya era traviesa y de vez en cuando se escondía. Otras veces era ella quién la hacía porciones y la guardaba en la nevera, en el bote de nocilla recién empezado, en una canción de Sting, en su perrito, debajo de la almohada, en un mensaje recibido por sorpresa, en una foto o (este era su lugar favorito) en la enorme bolsa de chuches que siempre tenía en casa.
"Sé feliz. Busca tu felicidad, no dejes que sea ella la que te encuentre a ti en este escondite que es la vida."

Todos somos felices... Siempre.

10 de enero de 2011

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No sé si es importante, pero nunca es demasiado tarde para ser quienes queremos ser. No hay límite en el tiempo, puedes empezar cuando quieras. Puedes cambiar o seguir siendo el mismo. No hay reglas para tal cosa. Podemos aprovechar oportunidades o echar todo a perder. Espero que hagas lo mejor. Espero que veas cosas que te asombren. Espero que sientas cosas que nunca sentiste antes. Espero que conozcas a gente con un punto de vista diferente. Espero que vivas una vida de la que estés orgullosa. Y si te das cuenta de que no es así... espero que tengas el valor de empezar de cero